La involución doctrinal hacia el capital (Centesimus Annus)


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1 La involución doctrinal hacia el capital (Centesimus Annus) Alberto Parra, Asociación de Teólogos Koinonía, Bogotá, Colombia. Introducción El "afán de cosas nuevas" (rerum novarum) "que penurban rundamenlalmente lodo el orden social" fue el objelo de la cana enclclica que hace cien anos (15 de mayo de 1881) promulgó el Papa León xm. Es claro que el sentido que León xm quiso dar a la expresión rerum novarum era "afán de noveler/as". Como es claro que el "orden social" que resullaba penurbado por las novelerías es el "orden" enlle los aclores de las fuerzas sociales de producción. "Orden" que era y que es profundo desorden, flagrante injusticia e inlolerable realidad. Sólo que, para bien o para mal, el "orden social" impueslo por la industrialización y por la ideología liberal capilalisla enconlló en las "novelerías" de hace cien aftos un elemenlo científico de crítica y un conuapunlo social que no puede serie arrebalado a los pobres, ni siquiera después de la caída de los socialismos hislóricos. El valor pennanente de las "novelerías" de hace cien aftos es haber propiciado una forma de acercamienlo a la realidad (epistemología), no sólo para conocerla teóricamente. sino para lransformarla; es haber señalado que el faclor económico es un determinante fundamenlal del proceso hislórico; es haber denunciado que, generalmente, la acumulación de capitales es el resullado de la explolación del lrabajo de los uabajadores; es haber ofrecido un método de análisis de los fenómenos de la industrialización para desenmascarar las alienaciones económicas, políticas y sociales que se siguen para los obreros y lrabajadores; es haber señalado que cienas formas de religión y de "evangelización" no son sino opio y dormidera de la conciencia del uabajador para que se resigne y deje las manos libres a los avivados de la libre empresa; es haber propueslo una utopía para avanzar hacia una sociedad sin clases y sin hirientes

2 348 REVISTA LATINOAMERICANA DE TEOLOGIA desigualdades. El fracaso histórico de los socialismos reales en la Europa del este no resta un ápice a estos valores permanentes de las "novelerías" que continuarán siendo una contrapartida a la ideología capitalista, una fuerza de desenmascaramiemo y un motor para la reivindicación de los derechos conculcados de los pobres, de los obreros, de los empleados, de las clases empobrecidas y subordinadas. A su vez, las "cosas nuevas" de hoy son, fundamentalmente, la caída o el fr"dcaso de los socialismos reales que pretendieron ser dogmáticamente la sola y la única posibilidad de alternativa freme al capitalismo y que tenninaron en la más aberrante intolerancia, en la idemificación de las gmndes tesis del socialismo con un partido anacrónico y no revisionista, en el totalilarismo de Estado, en la negación rotunda de toda forma de propiedad privada, en la práctica desaparición de los derechos individuales de opinión, de expresión, de asociación, de religión, de procreación, de transmigración, en fin, en el imperialismo expansionista que quiso imponer, por la razón o por la fuerza, el propio modelo a otros conglomerados y acabó siendo el ex portador de revoluciones a los países cercanos y a los lejanos. Ante el fracaso de los socialismos reales, la otra gmn "cosa nueva" es la pretensión del capitalismo de erigir la economía de mercado y la ideología sustentador"d como la única alternativa viable y de resullados benéficos históricamente comprobables. De ahí que, a los cien años de las "novelerias" de ayer y al comienzo mismo de las "cosas nuevas" de hoy, el papa Juan Pablo IJ proclame ahora su nueva encíclica (Cenlesimus Annus) cuyo plan es, precisamente, una mirada retrospectiva al texto de León XlII para descubrir la riqueza de los principios formulados, y una mir"dda a las "cosas nuevas" que hoy nos rodean. No queremos volver aquí sobre la riqueza de los "principios fonnulados" por León XIII y reactualizados en todo el cuerpo de doctrina o enseñanza social de la Iglesia a lo largo de estos cien años. Basta con reiterar aquí la comprobada impresión latinoamericana de que los "principios fonnulados", válidos y verdaderos, enriquecen la doctrina y alimentan el saber, son progresistas en la fonnulación e incluso arriesgados en la expresión. Pero, como toda teoria sin praxis y sin mediaciones, esos "principios fonnulados" son liberadores del pensamiento, pero no de la miseria de la realidad. Ofrecen tesis avan7.adas sobre la realidad, pero no la modifican. No son inspiradores de modelos alternativos. No se deciden por instrumentales alternativos para el análisis de la realidad. No apuntan a opciones políticas disyumivas. No acompañan las consecuencias útimas en las que los principios formulados se verifican en la planificación de metas y de estrategias de cambio y de allernativa social. Aquí preferimos fijamos en las "cosas nuevas" que hoy nos rodean y que,

3 LA INVOLUCION DOCfRINAL HACIA EL CM'ITIl.L 349 como el mismo papa Juan Pablo 11 lo indica, son fudamenlales para los "países del tercer mundo, que buscan la vía del verdadero progreso económico y civil" (n.42). El plan que proponemos es el de fijarnos, primero, en los punlos luminosos de la ene/clica Cenlesimus Annus y en su repercusión e imponancia para la causa de los pobres. Y luego subrayar los punlos que parecen sombríos para esa misma causa. Luces y esperanzas El Papa formula un elemenlo fundamental en la concepción moderna de la hisloria y de la sociedad: el inevitable conniclo de inlereses entre los diversos actores o grupos sociales. Ya otros documentos eclesiásticos se habían referido a la "lucha de clases" para enterderla como "conniclo social agudo", en el cual el cristiano se ve necesariamente impelido a lomar partido por los intereses de los débiles, configurándose así la lucha por la justicia social (n. 14). Esta inevitabilidad del confliclo social (si es que se quiere al fin superar esa versión caricaturesca de la lucha de clases como odio y destrucción del adversario) conduce, entonces, a que los actores del conniclo de intereses busquen soluciones concertadas y transacciones políticas. "Porque la paz no puede ser el resultado de la victoria militar, sino la superación de las causas de la guerra" (n. IR). Y causas reales de la guerra y del connicto son, según el Papa, las injusticias sufridas, las frustraciones, la miseria y la explotación (n. 52). En ese contexto, el papa Juan Pablo 11 reconoce aquello que ha sido una honda experiencia latinoamericana: que en el enfrentamiento sistemático que se dio entre los bloques orienlal y occidenlal, esos adversarios implacables utilizaron a los pobres para crearse recíprocos obsjáculos. Fue cuando los procesos de liberación se tildaron y se persiguieron sistemáticamenle como penetración del comunismo, según los casos históricos de Nicaragua y El Salvador, de Colombia y de Vietnam. En el enfrentamiento actual del bloque norte contra el bloque sur, las decisiones políticas y sociales de los pobres esján hipotecadas a los préstamos internacionales ya las políticas que trazan los ricos para los pobres (n. 18). La caída de los socialismos reales (confundida en la encíclica como la "crisis del marxismo") no significa que se hayan superado ya las situaciones de injusticia y de opresión que el marxismo denunciara. Por eso hoy, tanto o más que ayer, tiene plena vigencia y plena actualidad la genuina praxis y teoría de la liberación (n. 26). La doctrina social de la Iglesia, cuyo valor para la liberación es reiterado por la encíclica, conserva, evidentemente, todo su significado de símbolo de la conciencia eclesial acerca de la justicia social" aunque, como es obvio, esa "doctrina" haya de ser continuamente concreti7.ada en la praxis y por

4 350 REVISI'A LATINOAMERICANA DETEOLOGIA las mediaciones sociales, por las tesis pollticas, por la organización popular, por la planificación, por la lucha de cada dla en el camino de los pobres. En idéntico sentido afuma el Papa que ni la calda de los socialismos ni la relativa humanización del capitalismo signiflc8jl que se hayan superado ya las profundas carencias que en si mismo presenra el sislenl8 capiralisra (n. 33). De alll se sigue una afmnación vertebral de toda la enclclica: "Queda mostrado qué inaceprable es la afumación de que la derrora del socialismo deje al capiralismo como único modelo de organización económica" (n. 35). Porque el riesgo del momento es ceder a la pretensión ideológica capiralisra de que los fenómenos de marginalidad, de alienación y de exploración del Iercer mundo, ni siquiera se deben plantear, porque el sólo afronrarlos está ya desacredilado de antemano, tras el fracaso de los modelos socialisras (n. 42). En esra lógica, cierrarnente luminosa de la enclclica, el Papa reitera la conocida postura cristiana ante la deuda externa de los países pobres. Pagar las deudas es un axioma ético. Exigir su pago por encima de las necesidades virales y básicas del deudor es illcito, no es ético, es inmoral (n. 35). Lógica consecuencia de lo anterior es que "el amor por el hombre y sobre todo por el pobre se concrera en la promoción de la justicia" (n. 58). Amor que es más crelble por las obras, antes que por el razonamiento de la lógica docninal (n. 57) y que deberá afrontarse con iniciativa y con riesgo "en el cambio de estilos de vida, de los modelos de producción y de consumo, de las eslructuras de poder que rigen hoy la sociedad" (n. 58). Oscuros nubarrones Las páginas luminosas que alientan la causa de los pobres se ven neturalizadas y opacadas por oscuros nubarrones en el cielo de la doctrina social de la Iglesia, propues!a por esta enclclica. Primer nubarrón en el sombrío panorama es la nivelación que se esrablece enlte el derecho de propiedad privada de los medios de subsistencia digna, el derecho de propiedad de la tierra por quien la trabaja, Y la propiedad privada de los medios de producción. Estos b'es elementos diferentes del derecho de propiedad no han tenido ni podrán tener jamás un tratamiento único, ni una nivelación, ni una legitimación homogénea. Nivelar esas b'es formas de propiedad privada lleva al Papa a baldonar las formas de propiedad colectiva de los medios de producción, y a pensar que el atraso y el subdesarrollo están ligados, precisamente, a la ausencia del sistema de propiedad privada de los medios de producción. La conclusión que se impone es que la pobreza del tercer mundo se explica por la ausencia o no suficiente incidencia del sistema capiralista y que, cuanlo más se implemente este sistema,!anto más mejorará su suerte (n. 6).

5 LA INVOLUCION DOCJ'RINAL HACIA EL CAPITAL 351 El segundo nubarrón ya se venia formando desde tiempo atms, la opción por el pobre, según esla ene/clica y otra anterior, "es defmida como una forma especial de primacla en el ejercicio de la caridad cristiana" (n. 11). La opción por el pobre, que es un concepto fundamental en la Iglesia, ha venido sufriendo, como IanIaS cosas imporlantes, un alarmante proceso de involución. En MedelUn, y en la elabol3ción teológica subsiguiente, la opción por los pobres fue visla como exigencia fundamental de la fe y derivado teológico inseparable de la revelación de Dios. Pero ya en Puebla esa opción recibe el adjetivo atenuante de ''preferencial" y a11l mismo se intenla nivelar la opción exigitiva por el pobre con la opción simplemente pastornl por los jóvenes. En los documentos papales que autocita, Juan Pablo 11 concibe semejante opción exigitiva de la fe y de la revelación como una simple forma genérica de la caridad, con el consiguiente debililamiento de la opción misma y de todo aquello que la opción por los pobres presupone y exige: la opción por los intereses de los pobres, la opción por su clase social, la opción por las mediaciones sociales alternativas, la opción por los inslnlmenlales políticos y económicos que conduzcan a la reallibel3ción del pobres e impidan que la opción por el pobre se convierla en un puro sentimenlalismo o compromiso verbal. Con las premisas anteriores, la encíclica expresa sin rodeos su complacencia cierla y su bendición inequlvoca al libre mercado (n. 34), a la apertura del mercado internacional (n. 33), al nuevo capilalismo (n. 40), a la libre empresa, a la propiedad privada de los medios de producción, a la lógica de la compelencia (n. 42). Todo ello no se compagina con la rotunda afirmación de que el fl3caso de los socialismos reales no puede hacer pensar que la sola y la única alternativa sea el sistema capitalisla con todo el aparato ideológico que lo sustenla. Aqul se tiene la impresión de que Polonia y detrás la Iglesia entel3 regresan a los brazos amorosos del capilalismo internacional y que nada menos que el Papa se convierte en el gran teólogo del neocapitalismo y de la nueva derecha. Por eso la invilación conclusiva que se formula en la enc/clica es para volver a pensar, como en los a~os 60, que "el otro nombre de la paz es el desarrollo" (n. 52) y no, precisamente, la Iibel3Ción de los oprimidos por un sistema desarrollisla injusto. En fin, nubarrones oscuros en el cielo de la doctrina social son esas afirmaciones esparcidas que respaldan el triunfo histórico del capilalismo: "Da la impresión de que el libre mercado sea el inslnlmento más eficaz para colocar los recursos y responder eficazmente a las necesidades" (n. 34). "En las precedentes fases de desarrollo, el hombre ha vivido condicionado bajo el peso de la necesidad... Hoy el problema es la demanda de calidad" (n. 36). "Ciertamente los mecanismos de mercado ofrecen venlajas seguras: ayudan a utilizar los recursos, favorecen el intercambio" y asegul3n la competencia (n. 40). Tanto más, cuanto que "en la sociedad occidental se ha supel3do la explolación, al menos en las formas analizadas y descrilas por Marx" (n. 41). Afirmación ésla que no sólo

6 351 REVISI"A LATINOAMERICANA DE TEOLOGIA sorprende, sino que hiere la conciencia de tres cuartas partes de la humanidad, con sus millones de muertos por hambre, desnutrición, hacinamiemo, desempleo, subempleo y salarios de hambre. Lo sombrío de esll: cuadro se intensifica alln más, cuando la misma enclclica resume asl todo el núcleo de las "novedades" de hoy: "Volviendo ahora a la pregunta inicial, se puede decir quizás que, después del fracaso del comunismo, el sistema vencedor sea el capitalismo y que hacia él estén dirigidos los esruerzos de los paises que tratan de reconstruir su economla y su sociedad? Es quizás éste el modelo que es necesario proponer a los paises del tercer mundo, que buscan la vla del verdadero progreso económico y civil? La respuesta obviamente es compleja. Si por "capitalismo" se entiende un sistema económico que reconoce el papel rundamental y positivo de la empresa, del mercado, de la propiedad privada y de la consiguiente responsabilidad para con los medios de producción, de la libre creatividad humana en el sector de la economía, la respuesta cienamente es positiva, aunque quizá sería más apropiado hablar de "economía de empresa", "economía de mercado". o simplemente de "economía libre" (n. 42). Queda, pues, la impresión de que el sol de la liberación y de la esperanza de los pobres en la doctrina social de la Iglesia se ha ocultado detrás de los negros nubarrones y que hoy son más lo elementos de ansiedad y de perplejidad que los de conflfldación en las exigencias sociales de la re.